05 marzo 2008

Rafael Mondragón














mencionado por
Iván Cruz Osorio

menciona a
Luis Paniagua
Iván Cruz Osorio
Balam Rodrigo
Luis Téllez
Armando Ayala
Eduardo de Gortari


bio-bibliografía

Rafael Mondragón (Villahermosa, Tabasco, 1983). Profesor de la FFyL UNAM. Textos suyos han aparecido en revistas como Acequias, Alforja, Periódico de poesía y Tierra Adentro y en los libros Los mejores poemas mexicanos de 2005, Espacio en disidencia y Anuario de poesía mexicana 2007. Actualmente termina la maestría en letras en la misma universidad.



poética



poemas

Fragmento Tercero

(fragmentos)

***

Es como en el momento en el que estás con tu amada. Tocas su cuerpo, en la ceguera; buscas su cuerpo en la noche como si la buscaras en niebla. Ciego vine al mundo, para buscar a mi amada. Le pido me diga su nombre para saber si ella existe.


***

Entonces llega su voz, y entonces nace la belleza. Soy como aquel pescador, que durante años sacaba piedras del río utilizando aquellas manos ajadas. Las piedras no dan de comer, ni hacen a un buen pescador. Y sin embargo aquél sabía que ellas tenían un secreto… Guarda las piedras en tu mano, en tu bolsillo, entonces camina y siente al secreto en tu bolsillo. El Mundo es el secreto. Contempla. Contempla durante horas las piedras, esperando a que aparezca la belleza.


***

Herido en el costado, camino, como si fuera entre la calle un navegante, con el cuerpo atravesado por un rayo de sol. Camino, atravesado por la lanza del sol celeste, como Pablo en su dolor y con la boca reseca. Sin saber a dónde voy.

Anuario de poesía mexicana 2007


Treceavo fragmento


Hay una metáfora que creo que viene de la Biblia; yo nunca he leído toda la Biblia, sólo pedazos. Dice que cuando Dios creó al hombre le insufló el aliento vital. Eso quiere decir que sopló sobre él para que con su soplo naciera la vida. Algo parecido sucedió con la muerte de mi padre. Aprendí que el dolor nunca pasa, porque el dolor es parte de la vida, y le da sentido. Me dolía su muerte precisamente porque lo amaba mucho. Era como el soplo de Dios; mi padre sopló sobre mi cuerpo, y su aliento quedó grabado. No grabado. Digamos que quedó flotando allí, adentro de mi pecho. Ese soplo me acompaña a todos lados donde voy. Es el amor que da vida. Me recuerda que estoy vivo. Esta vida, que se parece a veces tanto a la melancolía. Con su muerte, mi padre sopló sobre mí, y en ese momento mi figura de barro se estremeció, y miró al mundo, comenzó a caminar a gatas, a tientas, aturdido, enceguecido.

Anuario de poesía mexicana 2007.