29 noviembre 2007

Carlos Ramírez Vuelvas











mencionado por
Esaú Hernández

menciona a
Antonio Escobar
Jaime Obispo
Sergio Briceño
Rodolfo Meza
Pablo Mora


bio-bibliografía

Carlos Ramírez Vuelvas (Colima, 1981). Egresado de la licenciatura en Letras y Periodismo de la Universidad de Colima y la maestría en Letras Mexicanas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha publicado los cuadernos de poesía Calíope (2001) y Ruleta rusa (2007), además de los libros Brazo de sol (2002), Cuadernos de la lengua y el viento (en coautoría con Avelino Gómez Guzmán) (2007) y El poeta ebrio y otras tormentas de verano (2007). En 2002 recibió el Premio Estatal de Poesía y un año después la mención honorífica del 35 Concurso Nacional de Poesía Punto de Partida. Algunos de sus poemas se incluyen en las antologías Los extremos que se tocan (2004), Un orbe más ancho (2005), El vértigo de los aires (2007) y La luz que va dando nombre (2007).


poética

(POETA Y TERREMOTO)
Un escenario en rojo
en la turbia oscuridad oculta
adentro en la pupila
::::::::::::::La mano una estridencia
alerta y culpa y afinca los despojos
detrás de los diamantes:::::Con el eco
lejano más intenso
del relámpago que puede
y no evita sus precisos
derroteros de esquirla en la herida y once
de la noche
::::::::::::::Hacia el acantilado arroja
escampa:::::los vestigios::::la trama::::el corazón fatal
de las sienes y la nuca

Reina ciego en el nublado
proscenio del ardor::::::Arrumba
su dolor sobre la silla::::::el terremoto

Tanto parecido haya al epicentro

Desmembrado
bajo el mantel mortal
que ya lo marca::::::a lápiz la hoja
donde el rasgo tiembla el nervio en huella cede

Ni un ápice tranquilo:::::::el vigía
descubre así desnudo la llegada
del terror.


poemas


NATIVIDAD

Tatuada en ti la inocencia
(Agua cérea en plancha de carbón)
nada de mí podrás pedir que tuyo no te pertenezca
Ni mi dolor humano ni mi refugio
de rezos que ofrendarás después
en piras de fuerza que fermento

Aún así diré que la mirada
coimbra al horizonte y la sostengo
como intuye un aluvión de lluvia
en campo seco con un temor de sienes
con un temblor redoble en pecho

También la muerte desfallece
y a mí —no a los dioses—
elíxir a beber me es dado en nombre tuyo
para inmolar lo que en mi cuerpo fue sustento

A dónde pamadre clavará el río la rabia
sobre mis manos extendidas
:::::::::::::rumiando también con mazo y daga
para allanar las cinco veces dos
de la edad de mi reino

A dónde madre mi ternura total
:::::::::::::en cómo esconderla
Porque ya no queda ni duérmete
ni oye ni el silencio clandestino
de la lluvia de miel allá en mi plexo

Qué prueba de mí el desierto
macerará si hasta el zarzo
y la Esfinge saben la medida mortal
de mi ignorancia
Del enorme sentido como el día medular
en que escuecen mis pisadas

Y nada hay más atrás de mí
Ni angustia alguna que venérea
pudiera asirme a sonreír un poco
al menos en la planta de mi pie
como era entonces

Ni un florézcase el pecho en otro pecho en flor de carne

Por el contrario
Ya escalda la boñiga en la sandalia
que heredé en rauda tarde y desde
la primera noche
en que el mundo me marcó con fiebre
Como cuando legión vendrá otra vez
a destruir mi nombre con cadalso
Con que rumian de infamia a mis huesos

Igual que en un carbón la infancia breve si es que fue


(El poeta ebrio y otras tormentas de verano)




Intermedio frente al Pacífico

Sentado sobre el farallón donde principia el mundo,
sobre el filón de dientes del mar,
viendo la inmensidad de la ola y la bahía,
el resplandor funesto de la sombra de sal.
Aquí, lejos del manglar, a lengua abierta
en el corredor marino, bajo la amenaza del sol,
en el estallido azul y el rencor violento del tropel del mar.

El tiempo muerto, la pulcritud del silencio
que recorre al trópico en invierno.
Haber cantado antes con el colmillo del curricán
prendado a una efigie solar. Haber degustado
todo el acontecimiento de la fauna marina.
El mar inolvidable de la infancia, frenética embestida del que fui.
Ah el que vio anochecer con un dejo de fósforo en la playa,
el que nunca supo del tamaño del miedo, la ostra salina
:::::que es la piel,
el derredor lúgubre del estallido.

Y allá, en la orilla, el dedo índice de la nube
escribe un nombre que se parece al mío.
Un río que empieza en la premonición de la muerte
estremece mis pies.
Y vienen cormoranes y gaviotas trazando un aguacero de cristal
:::::sobre el cielo.

Pero las runas del mar son el aposento de la sal y el recuerdo,
dentro de la inmensidad azul que todavía la memoria no
:::::puede ahogar,
y todas las reminiscencias de hembra que guardan las playas.
Por eso, cuando la marea baja, una mujer prepara té de
:::::albahaca
y los hombres descienden la frente en señal de luto,
y el mar se arrepiente de no haber conocido nunca cuerpo
:::::de virgen.

La mar como una incisión amarga en la frente de los niños.

Los peces de calor que crecen en el trópico
lamentando su pasmosa densidad de agua sexual.
Y cómo se anticipa el olor salobre de los barcos,
el dolor herrumbre de las pequeñas barcas, de los navíos
:::::enormes que habitan
lentamente la piel del agua como tatuajes en la bahía.
Y la vela que atiende el sentido del viento,
como una larga cabellera expuesta en las palmeras,
que aprende el ritmo norte y el vaivén repentino de la soledad.

Frente al espectáculo marino, cómo no llorar entonces,
cómo no recurrir al nombre de una mujer amada,
al cuerpo que una noche fue tormenta en nuestro mar,
a la palabra que no se ha dicho y está ahí, flotando como
:::::un presentimiento de muerte.

Y pensar que la nostalgia es una canción aprendida
:::::por los marineros antes de nacer,
o una mancha de aceite, la invocación de las ancianas
:::::sobre las sábanas de la playa,
entre dunas de oro que un Dios benigno puso en la
:::::manifestación del llanto.
Y nuevamente el mar sobre la arcilla, sobre el resto
:::::de los cocoteros
y en el sudor de los hombres confiados a bien morir.
La insondable soledad recorre nuestros pies
en busca de aquellas piernas de adolescente.

El silencio de la bahía como una costumbre de velorio.
Nuevamente cormoranes cruzan los mares del sur
para escribir por siempre la luz del asfódelo.
La flor del trópico en la boca es la pluma de otra ave
que también ahora llamaremos desasosiego.
(Cuadernos de la lengua y el viento)


16 comentarios:

Iván Cruz Osorio dijo...

Hermano Carlos, qué gustazo verlo por acá. Buenos poemas en verdad, estamos en contacto para nuevos proyectos.

un abrazo extensivo a la hermana Sandrita

Iván

omar dijo...

y notorios? primo? dónde quedó notorious?

Esaú Hernández dijo...

Felicidades maestro.

Carlos Ramírez Vuelvas dijo...

Estimadísimo Iván, en eso estamos. Gracias por todos los comentarios. Yo hago llegar los saludos. Omar, primo, notorios debe descansar. Hasta Los del Ríos tuvieron un segundo intento. Saludos.

Anónimo dijo...

oigan, ¿eso está chido? ¿Felicidades maestro?

Nadia Contreras dijo...

Hola, Carlos, me gustaron mucho tus poemas. Saludos y espero andar por Colima, este fin de año.

Diego Farrabán dijo...

Excelentes poemas, este es un poeta de verdad. Se agradece encontrar un resuicio de calidad en esta página.

Diego Farabán

Santi Velezmán dijo...

A mí en lo personal, de mi persona, que me concierne sólo a mí. Me hubier gustado que saliera el poema de "Thelounius Monk", pa tenerlo a la mano cuando se le necesite jajaja un abrazo y muchas felicidades Poeta
Sos un Grande

Solue Josis dijo...

ay ay ay, Carlos, cuando vas a dejar de escribir tan bien?
te consagras a la primera linea, y eso esta mal, muy mal carnal, luego uno ya no puede dejar de pensar que lo que esta leyendo es verdaderamente un poema... mmmh... felicidades por eso, en todo caso... pero, y la mala poesia? el desbarajuste inquieto que insulta la mirada? donde va a quedar?

Alí dijo...

Gran poeta, verdaderamente.

Carlos Ramírez Vuelvas dijo...

Amigos, les agradezco mucho a todos sus lecturas y comentarios. Saludos, CRV.

Antonio Escobar dijo...

Excelentes textos Carlos, te felicito. Es un verdadero honor compartir la generación con poetas como tú. Venga un abrazo y mis más sinceros parabienes.

Antonio Escobar

P.D: Nos debes un dominó al Balam y a mí eh!

Depto. Editorial dijo...

Hola Carlos! que gusto verte, a Avelino y a Josué por aquí!

Saludos, y qué placer leer su poesía.

Un abrazo para los tres

Balam Rodrigo dijo...

Ese mi hermano del alma, lo dicho: "el poeta [el Carlos, el Vuelvas] es un ángel que atraviesa el corazón -y las páginas- con la lengua desenvainada".

Y no sólo "Thelounius Monk"; sino "también" ese gran poema: altísimo ritual de la palabra.

Un abrazo y bendiciones para vos y para Sandra.

Y lo dicho por el Toño: nos debes un dominó! (aunque sea colimote o manzanillense!).

Chau.

el balam.

Abarrotes "La macarena" dijo...

Qué tal profe!!!! Cómo ha estado??? Soy aún noéfito en el uso de estas herramientas informáticas.....jejeje.....Volver a leer sus poemas es recordar el pacífico y sus encantos....un saludote de su alumno Oscar desde la costa mediterránea.....

Anónimo dijo...

hola como estas bueno no te conosco pero tenemos algo en comun el nombre y un apeido vuelvas