09 julio 2008

Mónica Braun

















mencionada por
Mariana Bernardéz

menciona a
Tomás Segovia
Efraín Bartolomé
Juan Carlos Bautista
Gloria Gervitz
Verónica Volkow



bio-bibliografía

Mónica Braun (Ciudad de México, 1965) estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la UNAM y Letras Modernas en la Universidad Iberoamericana. Poeta, narradora y editora. En 1994 obtuvo el XXVII Premio de Poesía Punto de Partida. Fue becaria del Fonca en el área de poesía (1995-96 y 1997-98). Autora del libro La luz inversa (UAM, 1996). Poemas suyos aparecen en Anuario de poesía 1990 (1991), Poesía en la Facultad (1992), Jóvenes Creadores. Antología de Letras y Dramaturgia 1995-1996 (1996), Jóvenes Creadores. Antología de Letras y Dramaturgia 1997-1998 (1998), Mujeres que besan y tiemblan (1999), Poesía orgánica (2000), En el rigor del vaso que la aclara el agua toma forma (2001), Eco de voces (2004), La luz que va dando nombre (2007) y Animales distintos (2008).
Forma parte de la antología de cuento Otro ladrillo en la pared (1996) y de los libros de entrevistas Por sus comas los conoceréis, de Huberto Batis (2001) y Arreola en voz alta (2002).
Es columnista del periódico El Centro y de la revista Chilango. Autora del libro de crónica-ficción Sexo chilango (Planeta, 2006).



poética

Prefiero el poema que conmueve, convence y comunica; el espejo en donde nos es revelado eso que no sabíamos que sabíamos.



poemas


Estancia en Nueva York

Nos topamos de frente con la mujer más hermosa del mundo
y quedamos sin palabras.
Una mujer de madera suavísima; una mujer sin sombra.
Blancos sus ojos y los ojos de corales
atados a su pie firme y esbelto como un árbol.
Una mujer de labios imposibles,
para no ser besados jamás.

Sus ojos andaban perdidos en la tela.
Ah. Su breve respiración, sus ojos perfectos.
El color de su piel, susurramos. Es una diosa, me dijiste,
y la hermosura estaba en tu mirada.
Besé tus ojos llenos para siempre de ocres y naranjas:
toda la sangre de África llenó con su rumor nuestros oídos.

Con esa mujer hubiera podido contemplarte:
abrir para ti sus piernas y su boca,
sin más ruido que el de sus huesos blandamente tendidos
:::::en la cama verte penetrarla con lentitud de paloma
:::::que cae en un inverso nacimiento.

Ni lo imagines, dijiste como quien escucha una blasfemia.
Esa noche nos amamos como dos bestias fugaces.



El durmiente

::::A veces dormías y yo estaba como nunca sola. Odiando tu
::::respiración, el roce de tu mano sobre mis piernas, el espacio
::::en que se había dormido tu deseo. Ya no te importaba mi
::::carne ni esa soledad ni ese reclamo. Abandonabas el peso
::::de tu cuerpo sobre las sábanas, dejabas que cayera todo, yo
::::caía también. Estaba dentro de un sueño ajeno, ya no era mía
::::mi respiración ni mi sangre era mi sangre. Yo era el miedo.

::::Nadie me escuchó llorar. Nadie se dio cuenta del frío. No hubo
::::manera de evitar esa caída. Nadie pudo despertarte.



El pan de lo irremediable

y equivocarse no será la operación que combina las
imágenes sino el consuelo de "lo mismo",
el etcétera o residuo que se prevé en la aventura del espejo
sordo, acumulativo, tatuado de carencia.
David Huerta


Adorador de la imagen, artífice de los objetos, escucha:
Construiste una casa cimentada en el miedo
y el miedo la habitó porque venía contigo.

Quien come del pan de lo irremediable está predestinado
a repetir su historia
y el que pide lo imposible nada quiere recibir.

Supiste quién era yo por mi manera de mover el abanico,
supiste desde siempre que tenía pájaros en la memoria
y mi razón murciélago colgaba del techo de la sala;
supiste por mis ojos que soy triste;
te dije desde antes: son filosos mis dientes.
Y me abriste la puerta.

::::::::::Pero la puerta no daba a la salida,
::::::::::la puerta daba a un sótano vacío
::::::::::en donde un niño demente
::::::::::se escucha en el espejo y tiembla.


Lo que amaste en mí fue la promesa de Lilit y sus demonios.
Lo que amas de verdad es el dolor.

Y yo me digo: Todo círculo por fuerza ha de cerrarse.
El rostro se repite para darle epílogo a la historia.
Irse a vivir debajo del paso de los trenes
presagiaba la noche junto al canal de aguas negrísimas.

Lo que ha de sobrevivir a esta intemperie
no es el recuerdo de la luz con que vestí tus ojos,
sino este fulgor que vive desde siempre en mí
y que hoy tengo en la mano como una moneda
purificada por el dolor.

El que no tiene fe no encontrará el milagro:
estoy lista para colocar mi corazón en su sitio verdadero.

Mírate mirarme en la última noche del amor.
Mójate la cara con tu sonrisa de los últimos días,
cuando dormía a tu lado siendo la más dichosa
y tú me abrazabas con el animal de tu abandono
enseñándome los dientes.

Te lo digo otra vez:
la luz va conmigo dondequiera que vaya.
Nada te debo.
De El pan de lo irremediable, libro de próxima aparición en Relámpagos en el Pantano Editores.

8 comentarios:

Fernando Trejo dijo...

Hola Mónica, no recuerdo dónde leí el segundo poema, no creo equivocarme porque me encantó. Me gusta tu poética, tu forma de escribir. En sí, felicidades. Ojalá pudieras darme tu correo para que te invite a un proyecto editorial que tenemos en Chiapas. Saludos. mi correo es nanditodelavega@hotmail.com

Palbo dijo...

El gato estaba en el sillón, durmiendo, con la cabeza para abajo como siempre, en esa posición que me hace pensar que sabe lo que es una anteflexión y que apoya su cabeza contra el suelo para estirar su columna.

Zazil Collins dijo...

Me gustó "El durmiente", porque lo oigo más fiel a tu poética. Y ya en general, he de confesar que guardo -y recurro, a veces- La luz inversa; ése y el Incunable de Bernárdez son dos lbiros que me han encantado desde adolescente. Da gusto leerlas aquí.

Anónimo dijo...

Que poesía tan fascinante. Tan tremendamente bien lograda.

Mónica dijo...

Zazil:
Muchísimas gracias. Me da mucho gusto que después de tantos años tengas La luz inversa y todavía pueda decirte cosas. Espero que el nuevo libro de poesía que seguramente saldrá este año también te guste.
Un abrazo.

Mónica dijo...

Anónimo:
Mil gracias... ¡no podría estar más de acuerdo contigo!

Gabriel Govea dijo...

Oye pues estaba esperando aquí en las computadoras, perdiendo el tiempo, que es lo mejor que uno hace cuando lee poesía. Me encontré tus poemas, me gustaron, especialmente el primero, me encantó. Aprovecho estas líneas para felicitarte mientras se escapa el tiempo entre mis dedos cuando escribo. Mucho saludos desde Tapatilandia.

Mónica dijo...

Muchas gracias, Gabriel, y muchos saludos a ti también.